¿Quién está dertás de acord?

 

 

 

 

 

Mi nombre es Lola Llopis, llevo desde el 2007, dedicándome a asesorar a empresas en temas legales.
¿Sabéis eso de que en en al vida a todos nos suceden las cosas por algo? A mi me costó 31 años en aprenderlo, pero al final lo logré, un día decidí escucharme  a mi misma, mis verdaderos deseos, inquietudes, y por fin me decidí y aquí estoy, con este maravilloso proyecto, que he creadao con muchísima ilusión y esfuerzo.

Desde mi trabajo diario, he aprendido como funcionan las empresas, como gestionan sus recursos, y sobretodo como gestionan sus conflictos. Descubrí que por lo general desperdiciamos demasiado tiempo y “salud” en discutir enfadados, en no escucharnos. Tendemos a creer que solo hay una verdad, la nuestra, y esto no es así. Os voy a contar una famosa parábola India que refleja perfectamente la incapacidad del ser humano para conocer la totalidad de la realidad:

Había una vez seis hombres ciegos que vivían en Indostán, que querían aprender cómo era un elefante,  decidieron que cada uno, con el, podría satisfacer a su mente.

El primero, al acercarse al elefante, chocó contra su lado ancho y fornido, por lo que en seguida empezó a gritar:
“¡Oh Dios mío! ¡El elefante es muy similar a una pared!”

El segundo, palpándole el colmillo, gritó:
“Oh! lo que tenemos aquí. Para mí esto es muy claro, esta maravilla de elefante es muy parecido a una lanza”.

El tercero se acercó al animal y tomó la trompa, la cual se retorció en sus manos. Así, audazmente dijo:
“El el elefante es igual que una serpiente”

El cuarto extendió su mano y se posó sobre la rodilla:
“Esta claro!, El elefante es semejante a un árbol”.

El quinto, que se arriesgó a tocar la oreja, dijo: “Hasta el hombre más ciego puede decir a lo que esto más se parece:
Niegue el hecho quien pueda, esta maravilla de elefante es igual que un abanico”.

El sexto, en cuanto empezó a tentar a la bestia, asió su cola oscilante.
“Yo veo”, dijo él, “que el elefante es como una soga”.

Y así, estos hombres de Indostán continuaron disputando ruidosa y largamente.
Cada uno se mantenía en su propia opinión, siempre más rígida y fuerte, por lo que no podían llegar a un acuerdo ya que, como podemos ver, aunque cada uno estaba en parte en lo cierto, todos estaban errados.”

Gracias a todo este aprendizaje de la vida, me decidí a formarme en todo lo relacionado con la mediación y el coaching, me apasiona este mundo, nosotros somos los verdaderos responsables de  nuestras relaciones, así que, ¿por que no trabajar para que sean lo mejor posible? Anímate, siempre se aprenden cosas nuevas.


“Siempre que te pregunten si puedes hacer un trabajo, contesta que si y ponte enseguida aprender como se hace (Franklin D.Roosevelt)”