Si explotas: CALMA

Imagen de LucíaBe 

 

Cuando gritas, explotas o te sobrepasas, no se acaba el mundo.

Actualmente está de moda la crianza respetuosa, la educación en positivo y educar sin gritos ni castigos.

En primer lugar, antes de que me linchéis a críticas, diré que soy una fiel defensora de estos métodos, y los aplico con mi hijo, y lo seguiré haciendo con el que viene en camino.
Además, hay que evitar gritar, los gritos dañan la autoestima de los niños.

Aun así, aun estando totalmente formada e informada en estos temas, aun teniendo muy trabajadas mis emociones, impulsos y acciones.

En ocasiones también se me escapa un ¡YA ESTÁ BIEN! más alto y fuera de control de lo habitual.

Si esto te pasa, ¡CALMA!, no te agobies, que el sentimiento de culpa no se apodere de ti. 

Sí claro, esto no debe ocurrir, si ocurre, nuestros hijos nos copiarán, y cuando ellos estallen, también lo harán gritando y fuera de control.

Pero oye, párate a pensar, haz memoria, rebusca en tus recuerdos, ¿cómo lo hacían tus padres y educadores contigo? Entonces, tú también lo has aprendido, heredado o imitado ¿verdad?. En ocasiones, lo tenemos hasta como un instinto.

¿Y qué hago en estos casos?

Respirar y tomar aire, esto te ayudará a relajarte, volver a la cordura y ver todo con perspectiva.

Todos erramos, y enseñar a nuestros hijos a detectar sus errores, también forma parte de su educación.

Cuando yo “exploto”, normalmente es porque se ha superado alguno de mis límites, y sobre todo por cansancio propio.

Yo exploto, cuando estoy cansada, y quiero que se respete alguna de las normas establecidas en casa, o normas de comportamiento de la sociedad.

Sí, los niños pequeños estas cosas muchas veces no las entienden, no entienden de las normas morales establecidas por la sociedad, ni porque en algunas ocasiones mamá no se enfada o me permite hacer alguna cosa y en otras no me deja.

Por tanto:

SÍ ES MI RESPONSABILIDAD el terminar con un grito, pero os repito, no os amarguéis por ello. CALMA.

Hemos repetido en infinidad de ocasiones, que ellos nos observan, copian, imitan, actúan por espejo. Así que sabiendo esto, vamos a aprovecharlo.

Si me enfado, y sobrepaso los límites, sigo estos pasos:

  1. Respiro.
  2. Me calmo.
  3. Me acerco a mi peque.
  4. Me agacho y me pongo a su altura.
  5. Lo abrazo.
  6. Le pido perdón.
  7. Le digo que le quiero mucho.
  8. Le explico, que es lo que he sentido para ponerme así, cansancio, tristeza, etc. En este último punto es importante saber que no hay que recriminar su acto o que no nos ha hecho caso. Recordemos que las únicas responsables de nuestro “grito” somos nosotras, así que no les carguemos a ellos con la responsabilidad.
  9. Le explicamos que mamá también tiene límites, y que está cansada o ha tenido un día complicado y que necesitamos que nos hagan caso, o que dejen de hacer ruido, etc.

Y sobre todo, acuérdate y no te olvides de pedirle perdón, y decirle que le quieres mucho.

¿Qué aprenden ellos con esto?

Que ellos también tienen límites, y se pueden enfadar, incluso en ocasiones pueden perder el control, pero cuando esto ocurre, deben detectar que es lo que ha pasado, pedir perdón y rectificar.

Así que recuerda, cuando pierdas el control ¡¡¡CALMA!!!, con ello sigues aprendiendo tú y ayudando a tus peques a que también lo aprendan.

 

«No existe la madre perfecta, pero hay un millón de maneras de ser una buena madre»  (Jill Churchill)

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